Si vas a cambiar de caldera, mira qué te puede pasar

A la hora de afrontar un cambio de caldera hay que tener en cuenta muchos factores, de manera que nada inesperado nos sorprenda para mal. Y es que pueden pasar muchas cosas en el paso de una a otra caldera. Lo primero será tener muy claro que el aparato anterior ya no debe estar ni un minuto instalado; lo siguiente será saber qué caldera vamos a elegir para el reemplazo, ante lo cual habrá que comparar precios, características y modelos. Lo idóneo es asegurarse de que se cambia para mejor, de que con la sustitución de caldera se están garantizando unos mejores resultados.

Hay que conocer de una manera adecuada la naturaleza de la instalación que se va a cambiar. Realizar averiguaciones acerca de la clase de aislamiento que tiene la vivienda es muy importante. Ojo, porque puede ser que compres la mejor caldera del mercado y no te ofrezca unas buenas prestaciones; si una casa está mal aislada, de nada servirá un sistema de calefacción de la máxima calidad, pues la casa no terminará de calentarse como es debido.

Por tanto, si no nos aseguramos antes del aislamiento del lugar en el que se va a llevar a cabo el cambio de caldera, podemos encontrarnos con noticias desagradables a la larga, como, por ejemplo, que haya serios problemas para ahorrar energía y que se despilfarre de manera incontrolada, o que el clima nunca termine de ser lo cálido que queríamos.

Otro de los aspectos que habrá que tener muy en cuenta a la hora de afrontar este cambio será calcular correctamente el consumo energético. Hay que saber con exactitud el consumo medio de energía en lo que a la calefacción y al agua caliente sanitaria se refiere; sólo así podremos obtener información sobre el ahorro potencial de energía y evaluaremos la potencia óptima de la caldera nueva que se va a instalar. Hay que tener cuidado y no adquirir una caldera a la ligera, porque si, por ejemplo, colocamos una de gran potencia, esto podría significar una inútil fluctuación de la factura.

En esta misma línea de actuar con carácter previsor y cabal antes de lanzarse a la ligera a la piscina, lo mejor será pedir un estudio térmico o una auditoría energética a profesionales cualificados para emitir veredictos fiables. Así podremos recibir el asesoramiento más interesante, de manera que podamos decantarnos por el modelo de caldera que será más rentable y menos costoso a largo plazo; no hay que olvidar que esto supondrá un gasto añadido que puede llegar a costar más de quinientos euros, pero a la larga esta inversión nos habrá parecido barata.

Del mismo modo, completar una evaluación exhaustiva de las necesidades y del confort térmico que se desea es vital. Y es que no es lo mismo colocar una caldera nueva en la vivienda donde se pasa cada día que en una segunda residencia. Habrá que tener muy en cuenta las estaciones, los intervalos y los periodos de ocupación de los inquilinos. Al mismo tiempo, habrá que prever los proyectos y las posibles reformas que se van a afrontar en los meses y años siguientes a la instalación de la caldera. Sería estúpido invertir el mismo dinero en una casa de veraneo o de visitas extraordinarias que en la casa donde se hace vida rutinaria.

Ver lo que puede pasarnos o las dificultades que pueden aparecer cuando tengamos pensado cambiar de caldera es esencial para evitar fallos y lamentaciones a posteriori. Es en esta tesitura donde se antoja básico llevar a cabo distintas comparaciones de modelos. Por ejemplo, si una vivienda es pequeña y no goza de grandes espacios, quizá lo mejor sea decantarse por una caldera mural.

Reemplazar una caldera sin haber previsto la aparición de posibles problemas es una inconsciencia. Y es que pueden originarse contratiempos con la condensación, con la salida de humos, con el desagüe o con las conexiones hidráulicas de ahí que haya que contar con asesoramiento de expertos que no nos hagan caer en errores de principiantes. Tampoco podemos olvidarnos del tiempo de sustitución, pues a veces se está mucho tiempo sin caldera a la espera de instalar la nueva, con los engorros que ello conlleva.

El presupuesto también será una de las variables a tener muy en cuenta. Si la caldera antigua está presentando problemas irreversibles o está empezando a hacer la vida de los inquilinos más incómoda, afrontar la compra de una nueva caldera será ideal. Las calderas de alta gama y de última generación son propensas a la optimización del consumo de energía, al ahorro y a la comodidad a la hora de regular la temperatura; además, poseen mecanismos de auto regulación y de programación, lo que agiliza muchos las tareas. Por ello, si se cuenta con un presupuesto importante, es posible afrontar compras de más calidad que si el presupuesto es más exiguo.

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