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Calefacción de gas natural vs eléctrica ¿Qué suministro escoger?

A la hora de poner calefacción en una vivienda surge la duda de si decantarse por el gas natural u optar por la electricidad. Muchos son los factores que habrá que tener en cuenta cuando se vaya a afrontar esta dicotomía; comparar todas las características, las comodidades, las prestaciones y los presupuestos orientarán un poco la decisión final que se tome. No obstante, más abajo intentaremos dar algunas pistas a esos potenciales usuarios de calefacción que estén confusos acerca de qué vía tomar.

La realidad es que el gas natural está pasando a ser un tipo de energía cada vez más demandado por los hogares de nuestro país. Las compañías distribuidoras de gas natural están trabajando duro para llevar a cabo todas las canalizaciones y todo el acondicionamiento, de manera que el gas pueda llegar al máximo de lugares, decantando así la balanza a su favor. Tampoco hay que obviar que el suministro eléctrico aporta muchas ventajas a sus usuarios, por lo que dependerá de los gustos y las necesidades de cada persona.

Aunque la electricidad ejerce un rol fundamental para los usuarios en muy distintos ámbitos de la vida cotidiana dentro de las viviendas, el gas natural sobra importancia en otros terrenos domésticos, como la calefacción, la cocina o el agua caliente. Es por ello por lo que habrá que comparar muy bien cada aspecto que se quiere tener en cuenta.

El suministro eléctrico ofrece una mayor seguridad y una más alta comodidad en su uso, aunque tiene como punto negativo el precio, que tiende a obligar al consumidor a tener que hacer un esfuerzo en las facturas. Esto lleva en muchas ocasiones a que las personas busquen fuentes energéticas más baratas a la larga.

Por su parte, el gas natural ofrece unos precios más competitivos y económicos. Además se trata de un suministro limpio y que no hace falta interrumpir. Eso sí, la disponibilidad o no en algunos casos de red de distribución del gas determina que muchos consumidores potenciales no puedan disfrutar de sus virtudes.

De lo que no hay ninguna duda es que el precio del gas natural es más asequible y barato que el del suministro eléctrico. Para más inri, los precios del sistema eléctrico en la actualidad fluctúan y varían en función de la hora del día que sea, por lo que hay que estar pendiente de no gastar en exceso en franjas horarias que a priori podrían requerir de un importante gasto. Como alternativa, es posible contratar un servicio con discriminación horario, de manera que disfrutaríamos de rebajas en las horas de la noche, mientras que el precio aumentaría en las horas diurnas.

Estas diferencias entre los precios del gas natural y de la electricidad se hacen más palpables al entrar en el terreno del agua caliente sanitaria y de la calefacción; por lo general, el gasto por persona del usuario que tiene contratada electricidad duplica al gasto que tiene la persona que ha optado por contratar el gas natural.

Dar el salto desde la electricidad hasta el gas natural puede traer implícitos otros ahorros, ya que, al no consumir tantos kilovatios por hora, el consumo que se generará será mucho menor. Además, tener contratada calefacción eléctrica implica un término de potencia muy alto, algo de lo que también se podría prescindir gracias a la instalación de gas natural. La bajada de potencia se podrá llevar a cabo cada doce meses, por lo que habrá que medir muy bien lo que queremos hacer, ya que su efecto durará un año.

El gas natural precisa de un mantenimiento menos preocupado y exigente que otras clases de calefacción. Las calderas de condensación aportan una gran eficiencia y ofrecen resultados de alta calidad. Por su fuera poco, en comparación con otro tipo de energías, la evolución del precio del gas natural ha supuesto un aumento mucho menor.

Eso sí, si no se quiere o no se puede completar una instalación de acondicionamiento para el uso del gas natural, la electricidad sigue siendo una opción de garantías. Es obvio que el suministro eléctrico acaba resultando menos rentable que a la larga que el gas, pero la discriminación horaria puede aportar muchas ventajas de ahorro.

La calefacción eléctrica puede mostrarse como muy útil en aires acondicionados que operen con bomba de calor, en sistemas de suelos radiantes con calefacción bajo el pavimento, en radiadores de aceite o en calefacción con acumuladores. Dentro del suministro eléctrico, también se puede ahorrar comparando las tarifas de las distintas compañías.

Como siempre, el cliente es quien tiene la última palabra, también en la decisión sobre el suministro que quiere contratar para su calefacción. El gas natural es mucho más económico, claro está pero la electricidad puede llegar a ser más cómoda, siendo también sus averías menos complejas y dificultosas a la hora de arreglarlas.

¿Puedo adaptar mi caldera de propano a gas natural?

Llevar a cabo el cambio de una caldera de propano a gas natural es posible, aunque será una tarea compleja para la que habrá que solicitar la ayuda de profesionales. Y es que no hay que olvidar que el gas propano responde a un suministro perteneciente a la familia de los gases licuados del petróleo, el cual es usado para tareas similares al gas natural, como la cocina, el agua caliente o la calefacción. Puede haber ocurrido que muchos usuarios en su momento no pudieran instalar directamente gas natural porque en su zona de residencia no había una red de distribución que les diera suministro, pero la adaptación desde el propano es una solución a posteriori muy recomendable.

En estos días, las distribuidoras tienen un radio de acción mucho mayor que antaño, porque lo que es más común que haya usuarios que decidan adaptar sus calderas de propano a gas natural. Por tanto, los usuarios que tengan instalado un suministro de gas propano podrán pensar y plantearse la opción de efectuar el cambio a gas natural, algo que podrán hacer por medio de dos vías: toda la comunidad de vecinos aprueba cambiar el abastecimiento de manera conjunta o el usuario de manera unilateral solicita el cambio de instalación.

En el caso de que sea el usuario de una vivienda quien pida el cambio a título individual, sólo necesitará ponerse en contacto con la empresa instaladora, que se responsabilizará de corroborar que el cambio sea viable, de llevar a cabo todas las obras pertinentes y de completar el certificado de instalación de gas natural que le hará falta al usuario. En la comunidad de vecinos, por su parte, sería necesaria la aprobación del cambio de gas natural por parte de tres quintas partes de los vecinos.

Antes que nada, para afrontar este cambio hay que cerciorarse de que las calderas sean aptas para funcionar con diferentes tipos de gases, por lo que habrá que tomar nota de la marca y de las características de la caldera. Lo lógico será que para saltar del propano al gas natural haga falta sustituir los inyectores del quemador, pues el orificio de salida goza de diámetros distintos para cada tipo de gas. Otra maniobra que a buen seguro habrá que afrontar será la sustitución de los reguladores de baja presión de la rampa de la caldera.

No obstante, como hemos comentado más arriba, lo principal es contar con ayuda de especialistas, de expertos, de técnicos, de profesionales. Cotejar distintas opciones será siempre positivo. Tampoco estará nada mal buscar asesoramiento técnicos de cara a la posible adaptación de la caldera de propano a gas natural. Bajo ningún concepto, por muchos conceptos amateur que se tenga del mundo de la ingeniería o de las calderas, se debe afrontar este reemplazo de gas en la caldera sin la asistencia de profesionales cualificados. Se trata de una tarea muy delicada en la que todo debería salir a la perfección.

Comparar muy bien ambos suministros es vital para tomar o no la decisión de adaptar la instalación para el cambio. El gas natural es un suministro eficiente y limpio, tanto en el ámbito doméstico como en el industrial; por su parte, el gas propano es inodoro y capaz de soportar temperaturas extremas. No obstante, ambos tienen usos muy parecidos, por lo que será el cliente el que tenga la última palabra acerca de esta dicotomía.

Entre las ventajas que el gas propano ofrece podemos citar su capacidad para aguantar unos grados centígrados muy altos, el alto poder calorífico que posee o su virtud a la hora de sustituir el rol del gas natural en las ubicaciones que aún no tienen disponible ese tipo de energía. Entre sus inconvenientes, no podemos evitar dejar de hablar del riesgo que conlleva quedarse sin suministro cuando el depósito no se rellene o de la necesidad de que su instalación precisa de un mantenimiento más atento y preocupado.

Entre las ventajas del gas natural podemos citar su mayor eficiencia, su carácter económico y más barato para el bolsillo del cliente, su constante suministro, el hecho de que sea un gas menos contaminante o la capacidad para necesitar una menor atención su mantenimiento. Su principal desventaja reside en que no puede instalarse en todos los lugares, ya que hay zonas de España a las que no llega este tipo de abastecimiento (aunque es cierto que este defecto empieza poco a poco a corregirse).

Es posible cambiar de propano a gas natural, pero también es posible cambiar de caldera de propano a calderas de gas natural. Aunque no es la pregunta que estamos tratando de resolver en este post, es importante que el usuario también conozca esta opción, la cual podría suponer al cliente un gran ahorro energético, ya que las calderas actuales operan con mayor eficiencia.

Mi termo se queda sin agua y no sé por dónde se va ¿qué puedo hacer?

Hay muchas veces en las que en las calderas y en los termos se producen problemas que no sabemos muy bien cómo afrontar o por dónde echarles mano. Una de esas situaciones que nos dejarán un poco confusos y sin capacidad de respuesta es la que tiene que ver con los termos que se quedan sin agua; más abajo intentaremos arrojar un poco de luz a este contratiempo.

Lo que está claro es que en todo hogar que aspira a contar con las comodidades básicas para la vida cotidiana debe haber agua caliente, de manera que no falte ni en bañeras, ni en duchas, ni en lavabos ni en fregaderos. Tener esa agua a disposición es posible si se calienta al instante por medio de gas o si se tiene ya acumulada de antemano por medio de un termo eléctrico.

Pero puede darse el caso de que se enchufe el termo, se abran las llaves de paso y, tras funcionar de manera correcta, de buenas a primeras comprobemos que el termo se ha ido quedando sin agua y no carga. ¿Qué se puede hacer en este caso? La respuesta a priori resultaría obvia: avisar a un fontanero o a un técnico especializado en termos y calderas.

No obstante si se ve que el termo no tiene agua y no acertamos a saber por dónde puede haberse ido, lo primero sería comprobar si hay algún tipo de fuga. Otra cosa que puede estar pasando es que el aparato esté taponado con arena de las obras de la instalación, algo que no hará falta revisar si el termo no es muy reciente; ir soltando poco a poco las llaves de escuadra de ambos grifos para comprobar si el agua acaba llegando sería recomendable, así como acabar limpiando estas llaves.

Si vamos a proceder a realizar una inspección de las zonas del termo, para ver por dónde ha podido irse el agua, habrá que tener muy claro los lugares comunes que pueden arrojar luz a nuestra inquietud. Como no podría ser de otra forma, el agua no ha desaparecido, eso es seguro, y tampoco se ha evaporado, por lo que al cien por cien se tratará de un fallo técnico.

Sería conveniente revisar la válvula de seguridad, que no es otra cosa que el sistema preventivo que se instala justo en la entrada de agua fría; este mecanismo sirve para evitar que el agua caliente del termo pueda retornar al propio circuito del agua fría, de ahí que sería interesante ver si hay alguna clase de problema con la válvula de seguridad o con el calderín.

Una cosa que hay que tener muy clara es no insistir en hacer funcionar el termo. Ojo, esto es importante: si el termo se queda sin agua, lo mejor es pasar inmediatamente a trazar el plan para resolver la anomalía; si se insiste en intentar hacer funcionar el termo sin agua, lo único que podríamos conseguir sería estropear la resistencia. Tampoco hay que olvidarse de que el termo siempre tendrá en su interior algo de aire para lograr ir absorbiendo las dilataciones que va provocando el calentamiento del agua, por lo que habrá que maniobrar con precaución.

En cualquier caso, ante este problema, lo mejor será pedir asesoramiento a profesionales capacitados para intervenir con éxito. Una primera evaluación determinará los pasos que hay que seguir a continuación. Lo que no se debería hacer es pedir información a amigos o a conocidos, porque carecerán de los conocimientos pertinentes para dar una explicación científica y técnica al problema de que el termo se quede sin agua. Buscar información en foros de la Red o en el propio Internet no supondrá otra cosa que confusión, y es importante tener las ideas claras para buscar una solución lo más rápida posible.

Lo peor que nos podría pasar es que este problema con el agua sucediera poco tiempo después de haber colocado el termo, ya que habría más probabilidades de que el problema se debiera a deficiencias en la instalación. Por ello, es importante es importante revisar algunas coordenadas básicas antes de instalar el termo. Colocar el termo en posición vertical contribuirá a un mejor aprovechamiento del agua, aunque esto dependerá del diseño del fabricante, ya que muchos vienen para ser instalados de manera horizontal.

Hay que mirar muy bien la pared donde se va a colgar el termo, pues al peso de fábrica que traiga el termo habrá que sumarle los kilogramos de agua cuando esté lleno. Será mejor tratar de reducir lo máximo posible la longitud de todo el sistema de tubos y tuberías que conecten el termo con su destino. El termo eléctrico ha de instalarse en un lugar que se encuentre acondicionado con tomas de agua y una toma eléctrica, lo que evitará tener que afrontar obras más complejas.

Se enciende un piloto en mi caldera, ¿qué está pasando?

Para responder a esta pregunta, lo primero será cerciorarse bien del modelo de caldera y de la marca a la que pertenece, ya que ello determinará lo que realmente está pasando. Que el piloto se encienda puede deberse a distintas cosas, de ahí que sea tan importante conocer bien la caldera y buscar información en función del tipo que sea. Recurrir a las instrucciones, a los datos del fabricante y a los matices del aparato será sin duda fundamental.

Por ejemplo, si tomamos como ejemplo las calderas Manaut, podemos saber algunas causas y consecuencias sobre que el piloto se active. Y es que, en estas calderas, el piloto rojo cuando se enciende nos señala que el aparato ha quedado bloqueado; en este caso, no habrá que ponerse nerviosos ni caer en la preocupación, ya que bastará con presionar el botón de reposición, que se situará justo al lado de la luz que se ha encendido.

El piloto de bloqueo puede encenderse en otra situación desagradable, que sería cuando la caldera y los quemadores se ponen en funcionamiento pero pasados unos diez segundos se acaban parando. Lo mejor aquí sería ponerse en manos de profesionales, de expertos, de técnicos, de operarios expertos en la materia; habría que tener muy claro que en la conexión a la red que alimenta con electricidad debe velarse por que la correspondencia de la Fase (L) se produzca con el hilo marrón, mientras que el Neutro (N) se correspondería con el hilo azul.

Cuando veamos que el piloto no esté activo y parpadeando, tal vez la caldera se encuentre desenchufada o se aboque a un problema técnico que nada tengo que ver con el propio aparato; en este caso sería positivo que el piloto siguiera encendido. Puede estar pasando que la caldera no esté recibiendo la alimentación eléctrica que debería estar tomando.

No obstante, si el piloto rojo de bloqueo de la caldera se enciende, habrá que afrontar una serie de faenas: comprobar el estado en el que se encuentra la salida de humos, revisar el termostato de ambiente o estar pendientes de todas las posibles causas de que el sistema de seguridad se haya activado (presencia de una temperatura excesiva, falta de control de tiro, falta de agua, avería en el sensor de la temperatura, etc.). Como decíamos líneas más arriba, la mejor solución siempre la ofrecerá un profesional serio y cualificado; sin embargo, revisar la caldera y tener los conocimientos pertinentes para no alarmarse y operar con solvencia son cosas que no están de más.

Por tanto, habría que tener claro que ese piloto que se ha encendido podría suponer que el sistema de la caldera se ha bloqueado. Partiendo de esta premisa, y tomando ahora como referencia las calderas Viessmann, la luz roja puede significar que se estén produciendo problemas de sondas, ante lo que habría que quitarle tensión a la caldera durante algo menos de diez minutos; puede darse el caso incluso de que el bloqueo se haya producido sin ningún motivo descifrable. Acudir a una ferretería a por una sonda sería tal vez una solución provisional.

Si nos centramos ahora en las calderas Ferroli, el hecho de que se les encienda la luz roja quiere decir que no arrancarán de manera automática; y cuando arranquen de manera manual, funcionarán pero se detendrán pasados unos segundos. En esta situación, sería recomendable llevar a cabo la revisión de la fotocélula, ver si en realidad está sucia; no hay que olvidar que la fotocélula se trata de un accesorio situado en uno de los cables que se adentran en el huevo de la línea de pulverización. Y es que puede estar ocurriendo que la fotocélula esté sucia y que la luz no esté llegando al sensor.

Sin embargo, como hemos ido comentando al principio de esta entrada, lo primero que hay que tener claro es que, si no sabemos la marca y el modelo exacto de la caldera, será muy difícil saber qué está pasando en el aparato cuando se encienda el piloto. También podría tratarse de un problema de baja presión, de un conducto obstruido o de falta de agua en el mecanismo (en este último caso habría que ir metiendo un poco más de agua por medio de un pequeño grifo que se abre maniobrando por debajo del aparato).

Serán los expertos en el campo de las calderas los que darán con la tecla de lo que ocurre cuando el piloto está encendido; ellos serán quienes también pondrán a disposición del cliente las recetas precisas y las soluciones más eficaces. Avisar a los profesionales de mantenimiento si se cuenta con un seguro también será algo bien avenido. Y es que no podemos olvidarnos de que las calderas operan con algo tan delicado y peligroso como el gas o el gasoil, de ahí que todas las precauciones que se tomen sean pocas.

Si vas a cambiar de caldera, mira qué te puede pasar

A la hora de afrontar un cambio de caldera hay que tener en cuenta muchos factores, de manera que nada inesperado nos sorprenda para mal. Y es que pueden pasar muchas cosas en el paso de una a otra caldera. Lo primero será tener muy claro que el aparato anterior ya no debe estar ni un minuto instalado; lo siguiente será saber qué caldera vamos a elegir para el reemplazo, ante lo cual habrá que comparar precios, características y modelos. Lo idóneo es asegurarse de que se cambia para mejor, de que con la sustitución de caldera se están garantizando unos mejores resultados.

Hay que conocer de una manera adecuada la naturaleza de la instalación que se va a cambiar. Realizar averiguaciones acerca de la clase de aislamiento que tiene la vivienda es muy importante. Ojo, porque puede ser que compres la mejor caldera del mercado y no te ofrezca unas buenas prestaciones; si una casa está mal aislada, de nada servirá un sistema de calefacción de la máxima calidad, pues la casa no terminará de calentarse como es debido.

Por tanto, si no nos aseguramos antes del aislamiento del lugar en el que se va a llevar a cabo el cambio de caldera, podemos encontrarnos con noticias desagradables a la larga, como, por ejemplo, que haya serios problemas para ahorrar energía y que se despilfarre de manera incontrolada, o que el clima nunca termine de ser lo cálido que queríamos.

Otro de los aspectos que habrá que tener muy en cuenta a la hora de afrontar este cambio será calcular correctamente el consumo energético. Hay que saber con exactitud el consumo medio de energía en lo que a la calefacción y al agua caliente sanitaria se refiere; sólo así podremos obtener información sobre el ahorro potencial de energía y evaluaremos la potencia óptima de la caldera nueva que se va a instalar. Hay que tener cuidado y no adquirir una caldera a la ligera, porque si, por ejemplo, colocamos una de gran potencia, esto podría significar una inútil fluctuación de la factura.

En esta misma línea de actuar con carácter previsor y cabal antes de lanzarse a la ligera a la piscina, lo mejor será pedir un estudio térmico o una auditoría energética a profesionales cualificados para emitir veredictos fiables. Así podremos recibir el asesoramiento más interesante, de manera que podamos decantarnos por el modelo de caldera que será más rentable y menos costoso a largo plazo; no hay que olvidar que esto supondrá un gasto añadido que puede llegar a costar más de quinientos euros, pero a la larga esta inversión nos habrá parecido barata.

Del mismo modo, completar una evaluación exhaustiva de las necesidades y del confort térmico que se desea es vital. Y es que no es lo mismo colocar una caldera nueva en la vivienda donde se pasa cada día que en una segunda residencia. Habrá que tener muy en cuenta las estaciones, los intervalos y los periodos de ocupación de los inquilinos. Al mismo tiempo, habrá que prever los proyectos y las posibles reformas que se van a afrontar en los meses y años siguientes a la instalación de la caldera. Sería estúpido invertir el mismo dinero en una casa de veraneo o de visitas extraordinarias que en la casa donde se hace vida rutinaria.

Ver lo que puede pasarnos o las dificultades que pueden aparecer cuando tengamos pensado cambiar de caldera es esencial para evitar fallos y lamentaciones a posteriori. Es en esta tesitura donde se antoja básico llevar a cabo distintas comparaciones de modelos. Por ejemplo, si una vivienda es pequeña y no goza de grandes espacios, quizá lo mejor sea decantarse por una caldera mural.

Reemplazar una caldera sin haber previsto la aparición de posibles problemas es una inconsciencia. Y es que pueden originarse contratiempos con la condensación, con la salida de humos, con el desagüe o con las conexiones hidráulicas de ahí que haya que contar con asesoramiento de expertos que no nos hagan caer en errores de principiantes. Tampoco podemos olvidarnos del tiempo de sustitución, pues a veces se está mucho tiempo sin caldera a la espera de instalar la nueva, con los engorros que ello conlleva.

El presupuesto también será una de las variables a tener muy en cuenta. Si la caldera antigua está presentando problemas irreversibles o está empezando a hacer la vida de los inquilinos más incómoda, afrontar la compra de una nueva caldera será ideal. Las calderas de alta gama y de última generación son propensas a la optimización del consumo de energía, al ahorro y a la comodidad a la hora de regular la temperatura; además, poseen mecanismos de auto regulación y de programación, lo que agiliza muchos las tareas. Por ello, si se cuenta con un presupuesto importante, es posible afrontar compras de más calidad que si el presupuesto es más exiguo.

Gas o Caldera eléctrica, qué necesitas según tu casa

En función de las características que el hogar tenga, traerá más cuenta instalar una caldera eléctrica o una de gas, Por eso será fundamental conocer muy bien el tamaño y el tipo de la vivienda en la que se habite, así como el potencial uso que se le va a dar a la energía. El lugar en el que vaya a llevarse a cabo la instalación también será determinante.

De lo que a buen seguro no hay ninguna duda es que todos los usuarios quieren pagar el mínimo posible por disfrutar de un servicio de calidad a la hora de recibir calefacción. Sin embargo, muchas personas tiene un alto nivel de desconocimiento respecto a lo que pagan por cada kilovatio – hora de luz en la calefacción del hogar. Por ello habrá que estudiar muy bien los matices de la vivienda, para tratar de ahorrar. No es lo mismo una vivienda en la que viva una familia que todo un bloque, ni una casa de construcción reciente que un bloque muy antiguo.

Cada vivienda se adaptará mejor o peor a los distintos tipos de calefacción. Por ejemplo, la caldera de gas de condensación será la opción más recomendada si se cuenta con suministro de gas natural en la zona; ofrece un rendimiento calórico ideal, emite poco dióxido de carbono y cuenta con una gran eficiencia. Puede darse el caso de que, al adquirir una vivienda, el comprador se encuentre ya con una caldera de gas de condensación instalada, por lo que sólo hará falta llevar a cabo una reposición del aparato.

El termostato centralizado y las llaves termostáticas de los radiadores se encargarán de ir regulando la temperatura. Se trata del sistema que, por detrás de los emisores eléctricos, menos consume, por lo que permitirá ahorrar. Esta caldera es la ideal para pisos que se encuentre entre los noventa y los cien metros cuadrados en una zona más o menos templada. Ciudades como La Coruña o Madrid se adaptarían con sus climas a las virtudes de la caldera de gas de condensación.

Por su parte, la tarifa nocturna con acumuladores se trata de un tipo de sistema que aporta calefacción y agua al hogar por medio de suministro eléctrico. Precisa de una contratación a una tarifa eléctrica especial, la cual funciona por medio de discriminación horaria. Durante diez horas al día se podrá disfrutar de suministro eléctrico a un precio más barato, lo que supone una oportunidad estupenda para aquellos hogares que crean que la electricidad les vienes mucho mejor. Se trata de un sistema propicio para esas casas en las es necesario conservar la misma temperatura durante todo el día; los domicilios con personas mayores o con niños muy pequeños, los cuales apenas salen de casa en todo el día, son idóneos para este tipo de suministro.

Siguiendo con la electricidad como método que puede ajustarse a algunas cosas de una mejor manera, nos centramos ahora en recomendar los emisores eléctricos, que son aparatos individuales que calientan cada habitación por separado merced a un sistema similar al de los radiadores de gas o de agua. Es recomendable en casas de zonas templadas que hagan un uso intermitente de la calefacción. En las zonas más cálidas, los emisores eléctricos son perfectamente compatibles con aparatos de aire acondicionado.

Y, precisamente, nos ocupamos ahora del aire acondicionado. Su funcionamiento eléctrico permite tanto enfriar como calentar. Son ideales para zonas de costa o para lugares con mucho calor. También pueden servir como complemento a instalaciones de calefacción o de agua caliente. Es posible instalar aparatos de aire acondicionado de manera individual, es decir, en cada cuarto; también es posible contar con un solo aparato de más potencia que caliente o enfríe toda la casa.

Los sistemas de aerotermia son aparatos que operan a través de la electricidad de una manera muy moderna, por lo que son capaces de ofrecer aire acondicionado, agua caliente y calefacción. En la actualidad están reemplazando a las calderas de gasoil, ya que cada vez son más usados por viviendas unifamiliares. Sin embargo, su principal pega viene en el precio que hay que pagar para hacerse con estos sistemas, que son bastante caros (las bombas de calor pueden costar más de 3000 euros). Eso sí, a la larga pueden aportar una gran eficiencia a los usuarios, sobre todo si se combinan con mecanismos de energía solar (la energía solar puede reducir el consumo energético en más de la mitad, ya que desciende el salto térmico que han completar los aparatos que se encargan de calentar el agua.

Como decíamos al principio es fundamental conocer bien la vivienda en la que se reside antes de afrontar ningún tipo de instalación. El segundo paso será comparar muy bien las virtudes y los defectos tanto del gas como de las distintas calderas eléctricas.